El resentimiento es una emoción difícil de admitir pero muy común. Nace cuando alguien nos hiere, nos traiciona o nos decepciona, y sentimos que no hubo justicia. En vez de sanar, guardamos ese dolor, lo repasamos una y otra vez, alimentando el enojo, la tristeza y la frustración. El problema es que con el tiempo, ese resentimiento no daña al otro, sino que nos envenena por dentro.
Vivir con resentimiento es como cargar una mochila invisible llena de piedras. Afecta tu ánimo, tus relaciones, tu salud mental y hasta tu cuerpo. A veces ni siquiera somos conscientes de que lo llevamos dentro. Pero se manifiesta en una actitud defensiva, en la incapacidad de confiar, en la rigidez emocional, o en esa sensación persistente de malestar que no sabemos de dónde viene.
El resentimiento también está ligado al deseo de que el otro reconozca el daño, se disculpe o repare lo ocurrido. Pero muchas veces eso no sucede. Entonces quedamos atrapados en una espera eterna, dependiendo de algo que no está en nuestras manos. Así, el resentimiento se convierte en una prisión.
Liberarse del resentimiento no significa justificar lo que ocurrió ni minimizar el dolor. Significa soltar lo que ya no puedes cambiar para recuperar tu paz y tu libertad. Es un acto de autocuidado, no de debilidad.
Es posible sanar
El primer paso es reconocer lo que sientes. Negar el resentimiento solo lo hace más fuerte. Ponle nombre a ese enojo retenido y observa cómo te ha afectado. Luego, haz espacio para entender lo que necesitas. A veces es una conversación pendiente, otras veces es simplemente aceptar que no obtendrás lo que esperabas.
Trabaja en el perdón, pero no como un favor al otro, sino como un regalo para ti. Perdonar no siempre implica reconciliarse o volver a confiar. Significa decidir que no seguirás cargando con esa herida todos los días.
La escritura terapéutica ayuda. Escribe lo que sientes sin filtros, sin buscar que tenga sentido. Sirve hablar con alguien de confianza o con un profesional. Muchas veces el resentimiento se enreda con experiencias del pasado, y es necesario desarmarlas con ayuda.
Soltar el resentimiento es abrir la puerta a emociones más sanas, como la aceptación, la paz y la posibilidad de vivir el presente sin cadenas del pasado. No se trata de olvidar lo que te hicieron, sino de no permitir que te siga controlando.
Equipo Psiquiatras Online